Según Natividad ningún autor “maneja más de cuatro o cinco ideas” a las que no para de darle vueltas. Bien, por esta razón Philip Roth casi se queda sin premio. Dentro de poco habrá que aportar un certificado de penales para presentarse a un premio y tener posibilidades. Los años en el seminario contarán positivamente. Roth habla “de cuatro o cinco ideas”, pongamos que son el sexo, el dolor, la muerte, el judaísmo y el envejecimiento (por ceñirnos al número). En realidad Roth escribe sobre la vida y eso le convierte en un autor incómodo, exasperante, repetitivo, pero también fascinante y, me atrevo a escribir saltándome toda regla de prudencia, imprescindible. De las definiciones de ser humano que me parecen más acertadas destaco tres:

1. Máquina de generar documentos sígnicos.

2. Concentrado de tiempo de duración determinada.

3. Un mero recuerdo en la mente de los amantes.

Es evidente, la antropología moderna reduce al ser humano a ser que necesita historias (o como escribiría Marías, que necesita ser contado historias). Y Roth las fabrica rotundas, completas y contundentes. También Natividad le niega “frescura”. El adjetivo de moda entre los modernos es fresco. Por ejemplo, una novela fresca es fácil de leer, no contiene ideas, los personajes son planos, el argumento está basado en las nuevas tecnologías o en la influencia del consumo de sushi en las relaciones de fin de semana o en la renovación gramatical de la mano de twitter, messenger o facebook y el final está cargado de esperanza tipo new age (la próxima relación será más completa que las anteriores porque el personaje ha madurado). Son malos tiempos para la lírica.