En realidad todo empezó en el momento en que me gustó la última novela de Javier Marías. Días antes apenas había podido acabar la de Pynchon. ¿Entraba en un nuevo ciclo de retribución kármica? Aunque Azúa nos decía que todo es negociable (creo que se refería a la posibilidad a no contestar preguntas impertinentes sobre la realidad de un totalitarismo simpático), la honestidad intelectual debe estar por encima del afecto y el cariño. Tengo una idea sobre la literatura, una visión determinada del hecho literario y no sé si soy capaz de transmitirla de manera efectiva. Como no soy marxista, no apoyo mis hipótesis en datos extraídos de la realidad sino al revés, contrasto mi hipótesis con la realidad y allí donde falla aquella encuentro satisfacción. La vida es más que el pensamiento y no podemos definir la realidad, solo aproximarnos a ella mediante el lenguaje (matemático, poético, plástico, musical…). El humano es una máquina de generar documentos sígnicos. Hasta he recurrido a los vigorosos vapores de la marihuana para descubrir pensamientos bellísimos: el espejo de Alicia es la paradoja del primitivo de Kant. Esto era evidente y ya lo llevaba dentro desde hacía mucho tiempo pero nunca establecí de manera consciente la ruta que conectaba esos dos materiales. Me ayudó mucho la escultura de Richard Serra, la posibilidad de retorcer un material como el acero envejecido y hacerlo pasar a ojos del espectador como un producto de la naturaleza. Conocí la semana pasada a Eduardo Infante quien expone en la Parking Gallery. Es un pintor muy influido por Wittgenstein. Está clarísimo en sus cuadros, allí hay una propuesta doble: pictórica por un lado, todavía demasiado dominada por los grises y las sombras aunque está evolucionando hacia una ampliación de la gama cromática y, por otro lado, un plano narrativo marcado por la filosofía del lenguaje de Wittgenstein. Infante pinta cuadros religiosos en los que el elemento simbólico ha desaparecido. Si el lenguaje define el mundo, el mundo es el lenguaje. Hoy ya no podemos comunicarnos con el Creador mediante fórmulas medievales. Esto lo sabe hasta Benedicto XVI quien, responsablemente, guarda silencio y sigue rezando como si nada hubiera pasado. A Infante le compramos un cuadro modesto donde podría hablarse del sacrificio de Abraham o incluso del bautismo de Juan. Evidentemente el papel del observador es determinante en su propuesta estética. Vivimos un momento esplendoroso en las artes. Os dejo alguna de las canciones que me acompañan durante estos días.

Lost paradise.

La letra parece una enumeración de Perec.

Esta ha sido un gran éxito.

Humor reconfortante.