Oscura y monótona sangre, o el jugar con fuego, o el relato de un descenso a los infiernos. La amoralidad del triunfador sin escrúpulos. O la pesadilla autocumplida.

La vieja historia de la hipocresía social imperante, de la sempiterna doble moral de un nuevo rico que amparado en el poder de su dinero  cree  poder sortear el peligro y quedar a salvo de cualquier problema  rodeado de asesores, policías, abogados, matones y, mucho mucho dinero. Una historia nada maniquea, sin “buenos”, ¿todos son “malos”?

Andrada, es todo eso y más. El vive ese “viaje” a la autodestrucción, esa transformación.  Obsesionado por no regresar a la miseria de la que salió, se precipita en una cadena de errores que acabaran precipitando su pesadilla.  Aquí, para mi, está el gran fallo/acierto ¿Es Andrada tan listo?. Si lo es ¿Como comete tantas imprudencias seguidas?.

El pistoletazo de salida una conversación de camioneros sobre niñas prostitutas. Y de ahí Olguin plantea, como quien no quiere la cosa, la existencia de clases, las ficciones sociales, lo “políticamente correcto”.

Su protagonista  Andrada se disuelve en  la sordidez  de su escenario, de su día a día de triunfador que huyendo con éxito de la miseria regresa inexorablemente a ella cuando creía haberla superado.

Hay algo de análisis y critica social, todo, para el, carece de importancia, prostitución, muerte del ladronzuelo etc, total son de una clase, de otra clase que no es protagonista… pero el… ya no es de esa.

Desde el primer capitulo la historia es previsible, uno sabe como va a acabar, y Olguin nos detalla una increible cadena de errores que Andrada va a cometer como un personaje de tragedia griega incapaz de escapar a su destino. Es la pesadilla auto-cuplida.

Interesante como trata con una prosa eficaz la miseria del fracaso, la miseria del éxito  y el aliño de la  opulencia.

Importantes el resto de personajes.  El barrio marginal, la Lolita, el portero, la prostituta discreta, los vecinos, la hija, los cartoneros, todos ellos se mueven en mundos que nos son mas próximos de lo que imaginamos.

De paso Olguin nos interroga ¿Estamos seguros de quienes somos? Hay que formularse esta pregunta frente al espejo sin testigos.  Andrada, ¿cualquiera de nosotros/as, es/somos a un tiempo Jekil  / Haid?  ¿O ambos a un tiempo?¿Estamos condenados a ser victimas de nuestras obsesiones y deseos?.

Yo creo que el autor quiere que reflexionemos sobre la ambigüedad, no siempre controlada  con la que afrontamos nuestro mundo. Nosotros tan civilizados,  en un mundo donde  hay siempre violencia contenida a punto de estallar.

Solemos simplificar el como nos enfrentamos a esta cuestión y Olguin, el autor, se recrea en ello advirtiéndonos de que no sabemos cuando vamos a estallar y como vamos a reaccionar en el conflicto y con  la violencia.

Al final Andrada en su doble moral burguesa, no acepta que los cartoneros le deseen a su hija, ni que el Miguens la coquetee, ni que la prostituta pueda saludarla. Su doble moral burguesa sería ridícula si no fuera tan real,  prepotente hasta el ridículo.

El si puede ser un Berlusconi obseso de niñas, pero en lo tocante a su hija… ¡que a nadie se le ocurra romper la barrera de clase que el ha establecido!

 

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