La televisión estaba prohibida en mi casa. Quiero decir que existía un control sobre la misma basado en:

1. Una llave instalada por mi padre en cada uno de los dos televisores.

2. Un estricto control horario, sólo se veía la tele durante el fin de semana.

El fundamente moral y ético de esa política restrictiva se resumía en la siguiente frase: “La televisión es el primer paso hacia la drogadicción”. Frase contundente que exhibía alguno de los miedos que paralizaban a aquellos padres que lidiaban una primera batalla contra la intromisión de la tecnología en el hogar. Aunque no acababa de ver claro el paso del sillón de casa al consumo de cannabis o incluso comprar unas hipodérmicas a la aterrorizada farmacéutica de guardia, acepté de buen grado la medida. Los fines de semana consumí alguna serie de tv, entre ellas las siguientes.

1. El coche fantástico

Nuestra educación sentimental política se basó en el golpe de Estado. Aquí la Fundación para la Ley y el Orden funciona al margen de la administración disputándole el ejercicio del monopolio de la violencia. Knight, “un hombre que no existe”, un solitario, se une a la causa de los inocentes, los indefensos y los débiles. El mundo está lleno de peligros. Visión maniquea. El Gobierno se muestra incapaz de proteger a sus ciudadanos.

2. El Equipo A

De nuevo un grupo que hace justicia. En este caso “soldados de fortuna”, curioso eufemismo de mercenarios convictos. Está claro que no actúan de manera altruista, “si usted tiene algún problema y los encuentra, quizá pueda contratarlos”. El reparto parece responder a una política de cuotas. Hay que resaltar que el afroamericano es el chófer. Aparece con ¿atuendo étnico?

Tanto El Equipo A como El coche fantástico son muestra de los valores republicanos muy en auge en USA durante los 80. A mí me parece que hay una conexión, quizá lejana, entre el material pedagógico y de ocio que se exporta desde los USA y el color del gobierno (ver más adelante).

3. Los vigilantes de la playa

Ojo, estamos en los noventa y se prepara la llegada de Clinton al poder. Un gobierno demócrata exige un imaginario flexible tolerante, positivo, “friendly”. Servicio público de vigilancia que salva vidas. El protagonista es David Hasselhoff quien cambia la máquina negra por el flotador bermellón.

4. Walker Ranger de Texas

Ya se sabe, después de la socialdemocracia viene un gobierno conservador. El despilfarro de recursos públicos, el déficit y la relajación general de las costumbres (en Los vigilantes de la playa es evidente), exigen políticas de austeridad. Aquí un buen exponente de la administración Bush. Chuck Norris, héroe moral y referente ético, al mando de la policía de Texas. Cuota perfectamente repartida. Chuck que aquí parece rondar los cincuenta y su novia, ayudante del Fiscal, dan muestra de una virginal relación que bien puede ser ejemplo de la política sanitaria republicana en materia sexual, reproductiva y de prevención de enfermedades de transmisión sexual.

Estas series nos dejaron machacados. (Por no hablar de la segregacionista El Príncipe de Bel Air)