A partir de este miércoles nos reuniremos en la nueva biblioteca situada en la Rambla. Se trata de una buena noticia. El miércoles pasado pudimos disfrutar de un aula donde el ruido no se imponía y el frío no obligaba a ponerse un abrigo e incluso guantes. La calefacción funcionaba y el automático no saltaba cada veinte minutos. Pendiente de revisión la política energética, no he podido comprobar si el flamante edificio dispone de placas solares y molinillos de viento.

La herencia pesa como una losa. A cualquier cosa le llaman generación. Pero la Naturaleza sigue siendo asombrosa. Su descripción mediante fórmulas matemáticas es una metáfora de la brutal, cruel y bella realidad.

Sí nos gustaba Siniestro Total y también escuchábamos Red Hot Chili Peppers. Ni un ápice de esperanza en un futuro lejano. Aunque no éramos conscientes, estábamos vacunados contra las grandes utopías políticas que habían costado varios cientos de millones de muertos. La familia se dividía en una brumosa izquierda y una no menos opaca derecha. Los primeros estaban suscritos a Canal Plus y decoraban el salón con ejemplares de la revista de Franco María Ricci. A los segundos les parecía que Jaime Campmany escribía fenomenal y, oxímoron, tenía razón en el fondo aunque le perdía la forma. Ansón dirigía ABC e ilustraba a sus lectores con unas portadas memorables que pronto serán objeto de exposición en algún museo de arte moderno. Después pasó a la RAE junto con Cebrián que escribía unas novelas malísimas pero poseía una mirada de dandy neoyorquino que les debió parecer a los académicos aportaría frescura y renovación a la vetusta academia. Objetivamente la música era mucho peor que la que escucharon nuestros hermanos mayores y nuestros padres, la literatura se mantenía (no estaba sujeta a la moda, pero los índices de lectura estaban por el suelo) y el arte salió del museo para entrar en el canal de la galería especializada. Siniestro Total era un grupo gamberro y ruidoso. Su etapa punk pasará a los anales. Más tarde incorporó elementos pop y comerciales cavando una tumba donde todavía, en noches de nostalgia, bailamos despreocupadamente. Hoy Siniestro Total no podría escribir las letras de sus canciones sin ser perseguidos de oficio por la Fiscalía. Tampoco Gabinete Caligari. La corrección y el buen gusto han construido un discurso público de diseño. Todo muy limpio, correcto, perfumado y bien vacío.