Hoy hablaremos sobre aquellos libros que han dejado huella en nosotros. No sé si a cada edad le corresponde un tipo de literatura. La industria entiende que sí. Los lectores somos un mercado, el mercado se divide en segmentos cuyos extremos son la edad o el género. Hay literatura infantil, juvenil y luego literatura a secas con subdivisiones. Hoy sigo leyendo La isla del tesoro. A los trece ya me asomaba a Proust y Ortega. Entonces no entendía nada. Tampoco entiendo hoy La isla del tesoro. Lo hacía clandestinamente, escondido en el cuarto de invitados de la casa familiar situada en el piso superior. Como un artista español provinciano en París o un anarquista polaco en Londres. El protagonista de Por el camino de Swann (protagonista o narrador o voz que se introducía en mi mente y con quien dialogaba muy fluidamente) era un niño mayor, un adulto que expresaba con perfección los sentimientos de un niño. Ahora veo que se forjaba el componente antididáctico de mi carácter. También excluía como posibles ligues a las estudiantes de psicología o psicopedagogía, “¿Hacer que un niño lea a Proust? Eres un cerdo fascista”. De estos libros hablaba un profesor de religión bastante inteligente. De aquella época recuerdo al Galdós de los Episodios Nacionales, a Vargas Llosa, García Márquez e Isabel Allende. Sencillamente estaban sobrerepresentados en la biblioteca de mi madre y en las baldas que quedaban al alcance de mi mano. También Millás, Delibes, Muñoz Molina, Borges y Pérez Reverte. A Dickens y a Twain los leí en una colección dedicada a los jóvenes. La misma en la que estaban Chesterton, Verne, Conan Doyle, Wells o Leroux. Al tener noticia de la teología de la liberación me compré El manifiesto comunista. Tuvo noticia de la adquisición un funcionario de correos que pasaba la mañana en la farmacia arengando a los pacientes y empleados. “Tome Zacarías, aquí le entrego a un vástago de la burguesía para que me lo redima” debió decirle mi madre para sacárselo de la botica. Pasé unas mañanas inolvidables delante de un señor que empezaba señalando la necesidad de la burguesía como clase histórica, el inevitable proceso de acumulación de capital como condición para la revolución y terminaba extasiado relatando la experiencia cubana. Me prestó la Obra revolucionaria de Ernesto Che Guevara. Yo la leí con aprovechamiento e incluso memoricé unos párrafos del capítulo dedicado a la mujer y su papel en la revolución después de descubrir, mediante el método ensayo-error, que despertaba el interés de las muchachas en flor. Incluso emepecé a redactar algo que emepezaba “Ahora que las ideologías han muerto solo la literatura nos consuela”. Escuchaba Siniestro Total, hip-hop español y Héroes del Silencio. Lo cierto es que apenas me reconozco. Leí que cada diez años aproximadamente se renueva todo el material celular del ser humano. Solo la conciencia permanece. Todo lo que queda reflejado en ella es el resumen de nuestro paso. El momento del recuerdo, el de la memoria, es la clave de la existencia. Supongo que estas reflexiones afloran porque el primer libro serio que leí fue el primer volumen de En busca del tiempo perdido.

Hay libros que marcan nuestras pesadillas. El poemario de Gottfried Benn, Morgue, es el que refleja con mayor nitidez mis miedos nocturnos. En realidad allí encuentro las imágenes que aparecen en muchas de mis pesadillas. En la poesía de Trakl está el color. Púrpura y violeta.

Hay libros que están por llegar, por aparecer. En uno soñé que una chica de rostro anguloso y facciones marcadas, delgada y de piel aceitunada por el sol, me sacaba de la orilla de la playa en la que me ahogaba. Otro se está gestando y en él soñé todo lo que un hombre puede esperar de la vida.

Hay libros, la mayoría, que nunca leeremos. No sólo los que se escriban después de nuestra muerte, esos no cuentan. A mí me gustaría leer los que aparecen en la mente del escritor y jamás llegan a nosotros porque no llegan a escribirse o porque se pierden en el tiempo. Además de un tópico kafkiano es una realidad. No leeré la Pentalogía del extinguido Rabino Jifú ni la Revisión de la metafísica de las costumbres de Mariano Mulet.

Nos vemos esta tarde a las 20.00 en la Casa de Cultura.