1. El sábado por la mañana paseando por la ciudad. Alicante es la capital de la luz, del mar plateado hecho de arena y gaviotas al que da la espalda. Las calles San Fernando y San Francisco son dos ríos que desembocan en la plaza de Gabriel Miró, una dama ensimismada en su jardín de ficus sonoros y fuentes incansables. A unos pocos metros el paseo de la Explanada se muestra como un zoco inspirado en el mal gusto y la desmemoria. Una sucesión de puestos ambulantes corren en paralelo a locales vacíos que exhiben en la cristalera el cartel se vende. Las palmeras, afiladas, agitan sus púas, el mosaico invita al suelo, una monotonía que contagia morosidad y lentitud a los paseantes, todos ellos extraños a la ciudad y al mar. El tráfico, apenas cinco metros a nuestra derecha, es denso y fluido, ensordecedor. Llevo el suplemento cultural del diario ABC. Se entrevista a un artista alemán que expone en Málaga su obra. Afirma la identidad entre estética y ética. El sábado, el hedor de los tubos de escape frente al mar dolía. En la plaza Gabriel Miró, ante los silentes centenarios, el adoquinado amortiguaba el paso de los vehículos. En el puerto, antes de llegar a la playa del Postiguet, el hotel Meliá muestra el veradadero carácter de la ciudad y de muchos de sus ciudadanos. Una gigantesca muestra de desprecio e ignorancia que pide ser demolida. Ante ella pasan los turistas sin reparar en su existencia. El edificio de Aduanas, vetusto, ajado por el paso del tiempo, dejado atrás por la supresión de aranceles y fronteras, parece purgar su atavismo contemplando el casino y su portada flamígera y psicodélica, como un pulpo en una pesadilla profunda y negra. Me viene a la mente la imagen del pulpo como metáfora del poder. Está en El arco iris de gravedad y Slothrop trata de combatirla a su manera. El ejercicio corrupto del poder es viscoso, impregna nuestra piel. Entre el edificio de la Cámara de Comercio y la Aduana hay una glorieta poblada de marineros de bronce, placas conmemorativas, una inmensa bandera a imagen y semejanza de la madrileña plaza de Colón y un escudo florido que me pareció, visto desde lejos, ser el de la ciudad. Aquí la luz del sol es especialmente intensa. Una parada de taxí anuncia el principio o el final de la Explanada. El lateral del edificio Carbonell indica el camino al Ayuntamiento y la Audiencia Provincial. Hay una arcada gris y humedecida y un letrero de una tienda de baratijas y souvenirs. Hace años, caminando por el paseo de la Explanada, probablemente en dirección a la parada de autobús, vi por primera vez un cadáver. Una persona se precipitó desde alguna altura del edificio Carbonell. Había dos policías locales y muy poca gente. En el suelo un bulto, como un montón de ropa color marrón o azul. Recuerdo una fuerte impresión. Años después leí en Kafka la existencia de un mar helado en el interior del ser humano y un hacha, que pedimos, para resquebrajarlo. Hace unos meses, por casualidad, pude circunstanciar el suceso. La ciudad empuja al paseante hacia el interior. Pide ser recorrida en paralelo al puerto pero una calle o dos hacia su interior. Entre el Ayuntamiento y el Portal de Elche encontramos bazares cerrados, una tienda de antigüedades donde mi madre compró muebles exquisitos hasta que cerró por fallecimiento del propietario, un peep-show donde había cabinas individuales y una cama redonda donde actuaban parejas y chicas en solitario anunciadas por megafonía. También hay andamios y huele a cemento fresco o a obra inacabada cediendo a la humedad porque esta calle es oscura, refractaria a la luz solar. Hay dos cervecerías de estilo alemán, una farmacia con el escaparate engastado en madera noble, alguna oficina bancaria con el cajero exterior que amenaza no devolver la tarjeta y donde tiemblan las piernas del usuario pues parece que en cualquier momento alguien se acercará a su espalda. Allí nos planteamos de nuevo si la identidad entre ética y estética existe. A nuestra izquierda un hotel de gran altura, a la derecha el Portal de Elche. La dama ensimismada parecía dormida entre el rumor de sus fuentes, la sólida protección de sus ficus centenarios y el adoquinado. Escucho las plazas de Alicante. Tienen su música que es, muchas veces, la melodía que acompaña al recuerdo. El Portal de Elche suena agudo, sostenido en el espacio, a caja de música. En el centro hay un quiosco donde sirven bebidas y aperitivos en unas sillas de hierro forjado. En el Ayuntamiento se celebraba una boda civil en la que contrayentes e invitados se pavoneaban en sus trajes y vestidos de colores llamativos. Decidimos desandar algo de camino y dirigirnos al MUBAG. En realidad queremos ir a la calle Niágara, pequeña, estrecha, ensombrecida, cuya pendiente formaba pequeñas ramblas cuando llovía con violencia. De ahí su nombre. Allí me enamoré de un estudio que no pude permitirme desde el que se veía la portada de Santa María, el Castillo de Santa Bárbara y el cielo. El MUBAG es un oasis y parece gestionado por personas inteligentes y formadas. Si la biblioteca municipal es una afrenta, de nuevo de espaldas al mar como si este hiriera, el museo alberga una cuidada selección de obras. Observamos desde Santa María el reflejo de la luz en la portada del Ayuntamiento. El campo de visión muy reducido con la intención de condensar la experiencia, reducirla a su mínima expresión para así captar la esencia.

2. Para redactar la memoria de actividades de 2009 de la asociación buceo en un mar de notas dispersas. Doy con una cita que atribuyo a Baudelaire. Copié a mano, con bolígrafo negro y mala caligrafía. La naturaleza dibuja con colores no con líneas. La imagen fija, el trazo definido e inmutable se forma en la retina del observador. La vida puede experimentarse a través de la obra de arte. El libro, el óleo, la portada, la escultura son realidades en continuo movimiento, abiertas, donde el observador debe poner sus sentimientos.

3. Nápoles, Palma de Mallorca, Barcelona, Alicante y Orán son las ciudades donde el tiempo puede suspenderse, donde busco el instante de silencio. Brocados con broches de ámbar, imágenes del pasado, de un fin del mundo.