3 de marzo. El paseo, Robert Walser. Editorial Siruela, 79 páginas.

Walser es un outsider. Otro, exclamará Manuela. Sí, te contesto, pero no tanto. A Félix le encantó esta obra. Recomiendo su lectura por las siguientes razones:

1. Walser es uno de los mejores escritores de principios del siglo XX. Si Kafka nos mostraba los aspectos temibles y diabólicos de la burocracia, ponía sobre la mesa la extraña relación Padre-hijo, se declaraba un escarabajo o insecto a la vista de los demás, protestaba por su judaísmo y terminaba su vida enviando a las llamas todo el material narrativo, Walser será un observador agudísimo de la realidad. Nos mostrará, como un pintor flamenco, detalladísimas escenas y personajes. Nos invitará a introducir la imaginación en las cosas que pasan delante nuestro. Sí, se parece a un judío errante, sin patria, lleno de ironía.

2. Hemos leído a Stifter. A mí me dio la sensación de que algunas cosas quedaron en el tintero. Es uno de los problemas del formato Taller de Literatura vs. Seminario académico. Si nos pusiéramos muy serios y actuáramos con rigor y circunspección a imagen y semejanza del profesor Meili leeríamos a Stifter, después a Walser, más tarde Kafka, luego Arno Schmidt, Peter Handke y Sebald. Porque la lectura de autores u obras aisladas nos procura entretenimiento, tema de conversación para solaz de una concurrencia nocturna rebosante de anécdotas jurídico-financieras pero quizá huérfana de noticias literarias, quizá placer, aburrimiento o incluso indignación (recordad, algunos, El gaucho insufrible). Pero solo la vertebración de nuestro acervo literario mediante la elaboración de un discurso da pleno sentido a nuestro esfuerzo (y este es mayúsculo, lo comprobareis cuando Tomás os envíe la lista de libros leídos hasta la fecha en el Taller). Quiero decir que estos autores de lengua alemana tratan los mismos temas: la soledad del paseante, la naturaleza como elemento extraño, la observación como elemento previo a “dar nombre a las cosas” que equivale a “descubrir” el mundo (desplazar el velo que lo cubre y ver el “mostrarse” de las cosas). Y encima con Walser te diviertes. Poco a poco los conoceremos a todos.

Lecturas complementarias:

La tarde de un escritor, Peter Handke.

Un hombre que duerme, Georges Perec. (Escritor genial cuya obra monumental es La vida instrucciones de uso)

El chino del dolor, Peter Handke.

El sendero del bosque, Adalbert Stifter.

El brezal de Brand, Arno Schmidt.

El paseante solitario, W.G. Sebald.