Sánchez me escribe: “Definitivamente estoy del lado de los oficinistas más o menos grises, más o menos ocultos. Svevo, Kavafis, Pessoa y Kafka.” Extraña combinación de letras.

Adjuntaría alguno de los argumentos que Daniel Pennac aporta en Como una novela. Los derechos imprescriptibles de todo lector: el derecho a no leer, el derecho a interrumpir la lectura, el derecho a no terminar un libro…

El libro negro está construido a base de inteligencia y emoción. Una vez finalizado el período de exámenes llega algo parecido a la felicidad efímera. Unos días en los que el tiempo corre a favor de la lectura. Siri Hustvedt, Contra Saint-Beuve, Providence (sorprendente, con momentos geniales, algún altibajo, demasiado sexo, paradójica) en cambio anoche después de cenar me alcanza un volumen de El Quijote anotado por Francisco Rico. Hablamos de Cide Hamete Benengeli. Me recuerda unas conferencias de Kundera a propósito de la novela, la herencia cervantina y la supuesta muerte del género. En cualquier caso esa situación es lo más parecido a Europa que conozco.

“¡Mira, un extraño!”

También Handke y su recorrer los caminos. NS me propone hacer sonar una flauta handkiana por los senderos olvidados del bosque.