Hay escritores que saben tomar el pulso a su tiempo, se distancian, viajan, contrastan experiencias y más tarde describen los conflictos agudísimos que afligen a la sociedad que describen. Natsume Soseki es de ese tipo de escritores. Su vida (1867-1916) discurrió paralela a la era Meiji (1868-1912), período aperturista y revolucionario de la historia de Japón que alumbró uno de los períodos más floridos de la literatura nipona. Si tuviera que releer a Soseki escogería Kokoro, una de sus obras más aclamadas por crítica y público donde se narran las vicisitudes de un joven estudiante universitario. Dos voces narrativas componen esta novela de profundización en la psicología del joven que se está haciendo. La primera corresponde al joven universitario, la segunda a Sensei, el maestro que elige el estudiante para aliviar los rigores y sopores que le deparan las clases en la universidad. De fondo, un coro de personajes formado por los padres del joven, de honda raigambre tradicional, el tío de Sensei, un traidor frío y cruel y Shinzu, la esposa de Sensei. El joven protagonista es de origen rural. Sensei es un maestro misterioso que dejó de leer por voluntad propia y que parece incapaz de amar físicamente a su mujer, “Sensei no era un hombre conocido. Sus ideas, su filosofía, excepto por mí, que le conocía bien, no eran tenidas en cuenta por nadie. Yo le decía a menudo que era una lástima, pero él no me hacía caso y contestaba, -Una persona insignificante como yo no debe dirigirse al mundo.” Sensei pertenece a esa raza de antihéroes que viven un poco al margen de todo por decisión propia o por incapacidad, como Bartleby, Wakefield o Samsa, “Su mujer no sabía nada acerca del grado de infelicidad padecida por su esposo. Tampoco lo sabe ahora. Sensei murió habiéndoselo ocultado. Antes de destruir la felicidad de su esposa, prefirió destruir su vida”. Llama la atención la actitud del joven hacia su maestro. ¿Por qué se acerca a él? Sin duda para hacer acopio de experiencias que le sirvan de guía en la vida. Sin embargo Sensei no ceja de repetir que él está reñido con la sociedad. No trabaja, no se reproduce, no publica, ni siquiera lee. Un halo de misterio mantendrá al joven unido al maestro quien en un acto de enorme generosidad le informará a través de una carta de su pasado, del origen de su aislamiento y, finalmente, de las trágicas consecuencias del mismo. No sé si el mejor Soseki al alcance del lector español se encuentra en Kokoro. Botchan, por ejemplo, da comienzo con unas páginas magistrales. Después siguen otras muy buenas. A mí se me escapan referencias necesarias para entender los sinsabores del maestro de Tokio enviado a un pueblo a ejercer su profesión. No entiendo bien el contraste pueblo/ciudad. O no lo suficiente. En las introducciones a las respectivas obras a cargo de Carlos Rubio y Andrés Ibáñez hallamos datos que nos ayudan a comprender la fortísima tensión existente entre el campo y la ciudad, entre el recién licenciado descrito como un joven petulante y mimado y los maestros con antigüedad, recios, cínicos, maleados por la experiencia. En cualquier caso Botchan posee un humor que encontramos en Kokoro, más introspectiva y analítica. En Sanshiro se retrata con una profundidad asombrosa los devaneos amorosos de un universitario. Este es, sin duda, un buen lector, espera a que los cerezos florezcan para enamorarse (o creer que se enamora) de la primera que pasa por debajo de la flor abriéndose. Si le diéramos más voz al protagonista acabaría contando el nacimiento de su relación con la lectura, los libros, los héroes y heroínas.

Obras de Natsume Soseki traducidas recientemente al español.

Botchan, Editorial Impedimenta, 2009, 234 páginas.

Sanshiro, Editorial Impedimenta, 2009, 330 páginas.

Kokoro, Editorial Gredos, 2009, 327 páginas.

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